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Los indicadores técnicos no son suficientes para luchar contra los delincuentes

Marcos que exploran la atribución del comportamiento para luchar contra la ciberdelincuencia

Las direcciones IP se desvanecen detrás de las VPN y los servidores proxy; las huellas digitales de los dispositivos se convierten en aleatorias en cada sesión y las configuraciones del navegador se estandarizan para que parezcan todos iguales.

Incluso el modus operandi que podría ser considerado como una «marca de fábrica», ahora puede ser generado por modelos de lenguaje, despojándolo de cualquier característica identificable.

El ciberdelincuente opera detrás de las mismas capas de abstracción que fueron construidas para la privacidad, pero las explota para la ocultación.

La firma técnica se reinicia y el investigador parte de cero.

  • En la ciencia forense digital, la evidencia debe estar vinculada a un sospechoso.
  • En la investigación de fraudes, las cuentas fantasma deben estar conectadas a personas reales.

Pero hoy en día cuesta muchísimo mapear estas cosas hasta llegar a los que manejan el cotarro.

Los ofuscadores de direcciones IP, las aplicaciones para esconder las huellas digitales de los dispositivos y las configuraciones del navegador, los diversos artefactos utilizados para la piratería de redes y otras herramientas para hacer el mal no pueden asignarse a una persona en concreto.

Las mismas herramientas son utilizadas por distintos perpetradores.

Y cuando un villano controla sus herramientas, y los más sofisticados siempre lo hacen, estos indicadores sirven de bien poco para poder llegar hasta ellos.

Por ejemplo, basta con reemplazar una VPN por otra o utilizar una máquina virtual distinta cada vez para que todo el perfil técnico se vaya al carajo.

Por no hablar de las direcciones de correo electrónico desechables, el alojamiento web anónimo que se puede contratar en la web oscura o los perfiles de usuario ficticios que son muy fáciles de crear.

Incluso los identificadores biométricos, como la dinámica de pulsación de teclas, requieren condiciones controladas que rara vez se pueden replicar en contextos forenses.

Pero siempre hay una señal que no se puede ocultar o intercambiar

Los patrones involuntarios de la mente humana: son extremadamente difíciles de falsificar, suplantar y controlar porque no son algo opcional. Vienen de serie.

Es algo que opera por debajo de la conciencia.

La mayoría de nuestras acciones diarias son impulsadas por patrones profundamente arraigados que requieren poco o ningún pensamiento consciente.

Cuantas más veces llevamos a cabo una acción, más posibilidades hay de que se automatice y se convierta en algo habitual.

Por ejemplo.

La forma en que una persona construye una oración, sus preferencias sintácticas y rango de vocabulario, es el producto de años de manejo del lenguaje.

Imaginemos que un escurridizo ciberdelincuente buscado por la Interpol pulula por distintos foros underground vendiendo su infame artesanía.

Para evitar el seguimiento, cambia su avatar, su dirección IP y utiliza una cuenta de correo electrónico desechable cada vez que se registra.

Pero a la hora de escribir, seguramente tendrá la misma firma lingüística en todas sus publicaciones.

Podríamos decir que se ha cambiado de ropa, pero por mucho que lo intente, no puede disimular su manera de caminar.

Este es un ejemplo bastante simplista, pero basta para hacernos una idea del concepto en general.

Por lo tanto, los marcos que exploran la atribución de comportamiento con rigor metodológico merecerían una atención más seria en el ámbito de la seguridad informática.

Puede que por sí solos no sean determinantes, pero combinados con los indicadores técnicos podrían llegar a formar un tándem muy efectivo.