Puede parecer ciencia ficción, pero las relaciones entre humanos y los chatbots de IA se están convirtiendo en aspectos normales de la vida cotidiana. A medida que las relaciones digitales proliferan, los psicólogos exploran los riesgos y beneficios para la salud mental.
Mientras que los asistentes de IA generativa como ChatGPT, Claude y Gemini ya se han convertido en herramientas de uso general, está surgiendo una nueva ola de aplicaciones como Replika, Character (y docenas más), diseñadas específicamente para simular la compañía humana.
- Character tiene 20 millones de usuarios mensuales, y más de la mitad de ellos son menores de 24 años.
- Para los usuarios de Replika está de moda «casarse» con su avatar 3D en bodas virtuales a las que invitan a amigos y colegas.
- MyIntimate es otra «IA romántica» similar a las de esta lista. Ofrece una gama de características diseñadas para proporcionar compañía y «soporte emocional».
Si bien muchas aplicaciones ofrecen niveles gratuitos, las suscripciones premium suelen desbloquear funciones avanzadas como mensajería ilimitada, generación de imágenes y llamadas de voz.

Puede parecer un pasatiempo inocente, pero los humanos estamos programados para antropomorfizar: es decir, atribuir rasgos humanos a objetos no humanos.
Y los compañeros digitales están fabricados a propósito para provocar tal respuesta.
En este sentido, estas aplicaciones permiten a los usuarios personalizar a sus compañeras, y compañeros sintéticos asignándoles nombres, roles de género e incluso historias de fondo ficticias.
Para redondear la cosa, muchas plataformas ofrecen tanto texto como un modelo de voz dotado de sonido natural que imita la cadencia y el tono humano.
Además, algunos chatbots y compañeros de IA están configurados para simular empatía, ofreciendo a quienes interactúan con ellos solamente las respuestas que quieren oír, sin ningún atisbo de crítica.
Por otra parte, cuanto más humana parece una IA en el lenguaje, la apariencia y el comportamiento, alguien con falta de madurez podría llegar a atribuirle conciencia.
Por si fuera poco, están diseñados para recordar las características únicas de cada persona, como por ejemplo su vida personal, o sus preferencias. Incluso son capaces de recordar las conversaciones pasadas.
Sin duda, esto puede dar a más de uno la impresión de que los chatbots los conocen íntimamente y servirse de ellos como refugio para revelarles sus pensamientos más íntimos con el fin de recibir a cambio un apoyo inquebrantable.
En fin, nosotros no hemos estudiado psicología y, por lo tanto, no tenemos ni idea de las consecuencias para la salud mental que puede tener el uso desaforado de este tipo de herramientas.
Solamente hemos leído un poco de aquí y de allá.
Algunos profesionales de la salud mental dicen que es posible que las interacciones moderadas con estas herramientas puedan aliviar los sentimientos de soledad de forma puntual. En un momento dado, puede ser hasta beneficioso.
Por otro lado, también opinan que las aplicaciones complementarias de IA y los chatbots de uso general pueden ofrecer un espacio seguro para que los usuarios ensayen las interacciones sociales, siempre que sean utilizados de manera responsable.
Pero un uso diario e intenso puede generar una dependencia excesiva y convertirse en patológico desplazando a la conexión humana que al fin y al cabo es la auténtica.
En nuestra opinión de profanos en la materia pensamos que «explicarle» nuestros problemas e inquietudes a una máquina que siempre nos da la razón, crea expectativas poco realistas que no tienen nada que ver con los conflictos y rechazos que muchas veces nos podemos encontrar en la vida real.
En el medio silvestre nadie nos dará siempre la razón, y tampoco vamos a encontrar la pareja perfecta que nunca dice «no».
También pensamos que los desarrolladores de estos modelos tendrían que comenzar a alejarse de la adulación constante hacia los usuarios con el fin de mantenerlos conectados… y enganchados.
En su lugar deberían diseñar estilos que proporcionen una empatía más equilibrada y acorde con la realidad.
Pero el negocio es el negocio.



