La Unión Europea ha dado grandes pasos hacia la verificación obligatoria de la edad. Su intención es hacer ilegal el acceso a las redes sociales para menores de 16 años. Una medida que se alinea con el reciente apoyo público de la presidenta de la Comisión de la UE, Ursula von der Leyen.
Muchos países de la Unión Europea creen que ha llegado el momento de una ‘edad de mayoría digital’ para el acceso a las redes sociales. Y debo decirles, como madre de siete hijos, y abuela de cinco, que comparto su opinión.
Países de la UE como Grecia, Francia y Dinamarca también han estado presionando durante los últimos meses para establecer una mayoría de edad digital argumentando que las redes sociales causan daños a los menores.
Hay quien opina que estas propuestas pueden restringir los derechos fundamentales de los jóvenes a comunicarse entre sí y a acceder a la información.
Lo que si está claro es que estas medidas obligaran a todos los usuarios de Internet, (no solo a los menores) a cargar datos privados, como un escaneo facial o un pasaporte digital, para acceder a un sitio web o servicio.
Y este despliegue de tecnologías para identificar a las personas plantea problemas sustanciales de privacidad.
Utilizar datos biométricos o documentos de identidad para la verificación de la edad, puede chocar con los marcos existentes del Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) diseñados para proteger los datos personales. La gallina de los huevos de oro para las empresas tecnológicas.
Por lo tanto, existe un delicado equilibrio entre la protección de los menores y la defensa de los derechos de privacidad individuales.
Es por ello que las autoridades deberían buscar métodos que preserven la privacidad de las personas.
En este sentido el Reglamento Europeo de Identidad Digital (Reglamento 910/2014), modificado por el Reglamento (UE) 2024/1183, establece el marco jurídico para un ecosistema de identidad digital seguro e interoperable en toda la Unión Europea.
Todos los Estados miembros de la UE ofrecerán su propia aplicación de cartera europea de identidad digital construida con las mismas especificaciones para demostrar quiénes somos al acceder a los servicios en línea.
En teoría las personas podrán compartir de forma segura documentos oficiales desde un teléfono móvil.
Básicamente, demostrará que la información está disponible y es verdadera, pero sin revelarla, proporcionando un nivel muy alto de protección de datos.
Los países también pedirán que las plataformas adapten sus interfaces en función de la edad y la vulnerabilidad de los usuarios, con el objetivo de que sean seguras por diseño y apropiadas para cada edad.
Tal medida requeriría una estrecha colaboración entre plataformas digitales, que debería establecer sistemas técnicos eficaces de verificación de la edad.
Sin embargo, muchos dudan de la capacidad real de controlar estrictamente el uso de estas herramientas en adolescentes, ya que les sobran habilidades para eludir las restricciones convencionales.
Los próximos meses (o años) serán decisivos para saber si la cosa va en serio, o si se trata de una cortina de humo. También qué tecnologías se utilizarán para intentar proteger a los niños y adolescentes.

